Cátedra Pedro Guillén «Medicina Regenerativa»
viernes , 18 de septiembre de 2026
El académico de honor y director de la Clínica CEMTRO repasó, en la Cátedra que lleva su nombre, el camino que va de las células iPS de Yamanaka a las primeras terapias aprobadas en Japón y a la reprogramación parcial que persigue rejuvenecer los tejidos.
La Real Academia Nacional de Farmacia de España acogió el pasado jueves 17 de septiembre una sesión científica de la Cátedra Pedro Guillén «Medicina Regenerativa». En esta sesión, el propio Pedro Guillén García, académico de honor de la Corporación y director de la Clínica CEMTRO, sostuvo que la identidad de una célula adulta ha dejado de ser un destino inamovible. Presentó el acto el presidente de la Academia, Antonio L. Doadrio Villarejo, y lo coordinó el académico de número Bartolomé Ribas Ozonas.
Durante décadas se dio por hecho que una neurona seguiría siendo neurona y una célula de la piel seguiría siendo piel. Esa certeza se rompió en 2006, cuando Shinya Yamanaka demostró que basta activar cuatro factores —OCT4, SOX2, KLF4 y c-MYC— para devolver una célula adulta a un estado pluripotente, semejante al embrionario: las células iPS. Guillén explicó que esas células no se trasplantan tal cual, porque su enorme capacidad de proliferación puede derivar en tumores; funcionan como una etapa intermedia desde la que se dirige la fabricación del tipo celular que se necesita, ya sean neuronas dopaminérgicas, cardiomiocitos o células de la retina.
El giro que dio actualidad a la conferencia es reciente. En marzo de 2026, Japón autorizó, de forma condicional y temporal, los dos primeros medicamentos del mundo derivados de células iPS. Uno, denominado AMCHEPRY, implanta progenitores dopaminérgicos en el putamen de pacientes con enfermedad de Parkinson; se apoyó en un ensayo de fase I/II con siete pacientes seguidos dos años, sin tumores ni complicaciones graves del injerto, y con mejoría motora en cuatro de los seis evaluados. El segundo, RiHEART, coloca una lámina de cardiomiocitos sobre el corazón de enfermos con insuficiencia cardiaca isquémica grave, y se ensayó en ocho pacientes. Guillén insistió en leer estos datos con cautela: cifras modestas, sin grupo de control y aprobaciones condicionadas a seguir vigilando a los pacientes. Resultados prometedores, subrayó, que todavía no equivalen a una curación.
La conferencia dedicó una porción significativa de su recorrido a por qué esta reprogramación total no sirve, por sí sola, para rejuvenecer tejidos. En 2013, el grupo de Manuel Serrano mostró que activar los factores de Yamanaka dentro de un ratón vivo provocaba teratomas y otros tumores. La alternativa llegó en 2016, cuando Alejandro Ocampo, en el laboratorio de Juan Carlos Izpisúa Belmonte y con la participación del propio Guillén, logró aplicar esos mismos factores en pulsos breves y muy controlados: el tiempo justo para revertir marcas del envejecimiento sin que la célula pierda su identidad. Es la reprogramación parcial. En animales elevó la longevidad más de un 30 % sin desdiferenciación celular, y desde entonces más de treinta estudios han confirmado sus efectos en distintos modelos. Aquel trabajo, publicado en Cell, ha sido señalado entre las diez mejores publicaciones de la década 2014–2024.
Frente a la vía japonesa, la reprogramación parcial aún no ha dado ningún tratamiento aprobado y se mueve en la fase preclínica. Su promesa es distinta: no fabricar células nuevas para reemplazar tejido dañado, sino rejuvenecer las que el organismo ya tiene, corrigiendo alteraciones epigenéticas. Guillén enumeró las patologías donde podría cambiar el panorama —enfermedades neurodegenerativas, insuficiencia cardiaca, degeneración de la retina, lesión medular, dolencias hepáticas o artrosis— y advirtió del principal reto técnico: controlar con precisión la duración del proceso para no cruzar el umbral pluripotente y su riesgo tumoral.
Cerró con un tono de médico más que de entusiasta. Se definió «bien informado» antes que optimista, comparó el hallazgo con lo que supusieron los antibióticos en el siglo XX y fijó el horizonte en una frase: «Morir joven lo más tarde posible». Con todo, pidió modestia. En sus palabras, ante la reprogramación celular, el ser humano «solo ha introducido el dedo gordo del pie en la fuente de la juventud».
