La ponente distinguió entre los efectos específicos de cada agua, que dependen de su composición química y dan identidad al balneario. También distinguió entre los inespecíficos, comunes a todas las aguas: los que se deben a la técnica de aplicación, las respuestas horméticas, la inmersión y el ejercicio en el agua. El calor, que en balneoterapia suele aplicarse entre 38 y 42 °C, produce vasodilatación, eleva el metabolismo tisular y favorece la reparación. También relaja la musculatura, aumenta la extensibilidad de tendones y cápsulas y tiene efecto analgésico. Los chorros a presión actúan como un masaje y frenan la transmisión del dolor por el mecanismo de la compuerta. La Dra. Martínez Galán interpretó estos efectos como una respuesta hormética: un ligero y transitorio estrés que modula la inflamación, reduce el estrés oxidativo y activa respuestas neuroendocrinas de adaptación. Advirtió, no obstante, que en humanos este marco es plausible, pero su evidencia directa es todavía limitada.
La inmersión ocupó la parte central de la conferencia. La presión hidrostática favorece el retorno venoso y aumenta el gasto cardíaco. Además, obliga a los músculos inspiratorios a trabajar contra resistencia, lo que resulta útil para el acondicionamiento cardiorrespiratorio. Con el agua al cuello, la flotación reduce el peso aparente hasta un 80 %, de modo que pacientes con patología osteoarticular o neurológica pueden ejercitarse con poca carga articular. La resistencia del agua ralentiza el movimiento, da tiempo de reacción a quien tiene dificultades motoras y permite graduar el esfuerzo. Se añaden beneficios psicológicos y sociales, con menos ansiedad y menos aislamiento en personas con movilidad reducida.
Sobre esa base se han desarrollado varios métodos de terapia acuática, que la ponente ilustró con vídeos. El concepto Halliwick, creado en Londres en los años cuarenta, es un programa de aprendizaje motor centrado en el control de las rotaciones. De él deriva la Terapia Acuática Específica, que orienta ese trabajo hacia la función en tierra. El método de Bad Ragaz aplica patrones de facilitación neuromuscular contra la resistencia del terapeuta. El Ai Chi combina taichí, respiración y atención plena, y el Watsu es una técnica pasiva de relajación profunda.
Para concluir, la ponente hizo un diagnóstico de la situación en España: los efectos químicos, el calor y la presión se aprovechan bien, pero la inmersión está infrautilizada y los métodos especiales apenas se emplean. Los balnearios tienen instalaciones y personal sanitario, y atienden a los usuarios del termalismo social y a una población cada vez más envejecida, mientras que la oferta de terapia acuática en el sistema sanitario es escasa. Incorporar programas estructurados de prevención y rehabilitación tendría un coste moderado y los consolidaría como espacios de salud integrativa.
La sesión prolongó desde la clínica la tradición hidrológica de la farmacia española. La composición del agua sigue definiendo cada balneario, pero buena parte de su efecto en el paciente depende de cómo se aplica.