Andrés Aguilera muestra en la RANF cómo la lectura de los genes puede romper el genoma

viernes , 16 de octubre de 2026

El catedrático de Genética de la Universidad de Sevilla y Premio Nacional de Investigación Ramón y Cajal 2025 protagonizó el 15 de octubre la sesión del VI Ciclo anual de Sesiones Conjuntas RANF-SEBBM-FRA «Julio Rodríguez Villanueva»

La Real Academia Nacional de Farmacia acogió el jueves 15 de octubre una nueva sesión del VI Ciclo anual de Sesiones Conjuntas RANF-SEBBM-FRA «Julio Rodríguez Villanueva», que organiza con la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular y la Fundación Ramón Areces. El profesor Andrés Aguilera, catedrático de Genética de la Universidad de Sevilla, fundador y antiguo director del Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER), pronunció la conferencia «Causas y consecuencias de la inestabilidad genética: de la levadura a las células humanas». Fue un recorrido por cuatro décadas de investigación que han cambiado la manera de entender por qué se rompe el ADN de nuestras células y qué papel tiene esa fragilidad en el cáncer.

El presidente de la RANF, Antonio L. Doadrio Villarejo, abrió el acto con un recuerdo a Julio Rodríguez Villanueva, que fue académico y director de la corporación. Aprovechó también para anunciar que pronto se presentará en la sede de la Academia la nueva obra sobre la COVID-19 del académico de número Agustín García Asuero. Carlos Gancedo Rodríguez, en representación de la SEBBM, excusó la ausencia de José María Medina, que no pudo asistir por motivos personales, y en su nombre agradeció a la Fundación Ramón Areces el apoyo que presta al ciclo desde su origen. Entre el público se encontraba también el presidente de la SEBBM, Antonio Ferrer.

La presentación del conferenciante tuvo un tono personal. Gancedo conoció a Aguilera en 1978, cuando era alumno de un curso de Bioquímica y Genética de Levaduras que él organizó junto a Juana María Gancedo y a Jaime Conde y Ramón Serrano, ya fallecidos. Siguió después su etapa en el laboratorio de Fritz Zimmermann en Darmstadt. Fueron los años heroicos en que se aislaban los primeros mutantes glucolíticos de Saccharomyces cerevisiae y se empezaban a clonar sus genes. Gancedo repasó una trayectoria que ha demostrado que la transcripción genera inestabilidad genómica, con el descubrimiento del papel del complejo THO como uno de sus hitos. Aguilera es miembro de EMBO y de la Real Academia Sevillana de Ciencias y ha recibido, entre otros reconocimientos, el Premio Nacional de Genética y el Premio Carmen y Severo Ochoa. Gancedo quiso destacar el doctorado honoris causa por la Universidad Masaryk de Brno, la ciudad donde Mendel hizo los experimentos que fundaron la genética, y su labor como formador de investigadores. Para ello citó unas palabras de Hans Krebs sobre sus maestros, de quienes decía que habían educado, y no solo entrenado, a una generación de líderes científicos, porque educar supone transmitir una visión y no únicamente técnicas.

Aguilera devolvió el gesto proyectando una fotografía de aquel curso de levaduras, tomada en 1980. Reivindicó la escuela de Rodríguez Villanueva, desde la que la microbiología de levaduras se extendió por toda España; la de Jaime Conde, que llevó la genética moderna de la levadura a Sevilla, y la de los propios Gancedo. Explicó que con el subtítulo de la conferencia quería subrayar que lo que iba a contar es universal y vale tanto para un microorganismo como para una célula humana, aunque es en esta última donde tiene más relevancia médica.

El núcleo de la conferencia fue un hallazgo inesperado de su laboratorio. Hay mutaciones en genes que no intervienen en la copia ni en la reparación del ADN, sino en el procesamiento y el transporte del ARN mensajero, que disparan la inestabilidad del genoma. La causa son los híbridos que el ARN recién sintetizado forma con el ADN del que procede. Estas estructuras frenan la maquinaria de replicación, provocan conflictos entre replicación y transcripción y entorpecen la reparación de las roturas, y al final dejan cicatrices en forma de mutaciones y reordenaciones cromosómicas. Aguilera mostró que este fenómeno, identificado en levadura, se reproduce en células humanas, en el gusano Caenorhabditis elegans y en otros organismos. También explicó cómo deja su huella en los tumores: en células sin BRCA2 o con anemia de Fanconi, en los puntos calientes de mutación de los genomas tumorales y en la sensibilidad de ciertos cánceres a los inhibidores de PARP como el olaparib.

En el coloquio, la presidenta de la Sección Segunda de la Academia le preguntó si se puede intervenir farmacológicamente sobre estos procesos y qué puede aportar todavía la levadura. Aguilera confirmó que hay grupos que estudian los híbridos ADN-ARN como diana terapéutica, aunque, hasta donde él sabe, todavía sin resultados. La dificultad es que los híbridos también aparecen en células sanas, así que todo depende de los niveles. Se mostró crítico con una tendencia que calificó de fantasiosa: presentar el híbrido como responsable de enfermedades en las que solo es una consecuencia. Puso como ejemplo los trastornos del neurodesarrollo asociados a mutaciones en el gen THOC2, cuya causa real es la falta de una proteína esencial para transcribir. Sobre la levadura, explicó que su grupo trabaja ahora con colecciones de todos los mutantes viables de histonas. Es algo factible en un organismo que solo tiene dos copias de esos genes y muy complejo en células humanas, que tienen muchas. Reconoció que cada vez quedan menos laboratorios de levadura frente al empuje de los modelos humanos y de los grandes bancos de datos tumorales, pero aseguró que él se jubilará con ella.

Otro de los académicos le preguntó por los demás obstáculos que encuentra la horquilla de replicación, en particular las estructuras de ADN en cuádruplex de guanina, conocidas como G4. Aguilera precisó que no se trata de una colisión física, porque el superenrollamiento que se acumula entre las dos maquinarias probablemente impide que lleguen a tocarse; por eso hoy se prefiere hablar de conflicto. Explicó que las estructuras G4 abundan donde hay híbridos, porque la hebra de ADN que el ARN desplaza suele ser rica en guanina. Así ocurre en las regiones que intervienen en el cambio de clase de las inmunoglobulinas. Helicasas especializadas como las de los síndromes de Bloom y de Werner ayudan a deshacerlas. Recordó también que la rotura no se produce por azar. Cuando la horquilla se atasca, intervienen nucleasas que cortan para resolver el problema, o la horquilla retrocede, y de ahí puede quedar el daño. «En la naturaleza las cosas no ocurren al azar; hay una enzimología detrás», resumió.

El presidente de la RANF cerró la sesión agradeciendo a la Fundación Ramón Areces y a la SEBBM su colaboración en un ciclo que reúne cada año a la bioquímica, la microbiología y la farmacia españolas en torno a la figura de Julio Rodríguez Villanueva.

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