El farmacéutico, asesor en temas de alimentación
jueves , 29 de octubre de 2026
La académica correspondiente Esperanza Torija Isasa cerró el 29 de octubre el programa de sesiones científicas del mes.
La Real Academia Nacional de Farmacia y la Fundación José Casares Gil, de amigos de la RANFE, cerraron el programa de sesiones científicas de octubre el jueves 29, a las 19:00 horas, con la conferencia de la Ilma. Sra. Dña. Esperanza Torija Isasa, académica correspondiente de la RANFE, titulada «El farmacéutico, asesor en temas de alimentación: El mito de los superalimentos».
La ponente explicó que existen alimentos en el mercado con la etiqueta de superalimentos, un término publicitario que no tiene definición científica ni reconocimiento legal. La normativa europea sobre declaraciones nutricionales y de propiedades saludables solo permite atribuir a un alimento los beneficios que han sido evaluados y autorizados, y una parte considerable de lo que se promete en torno a estos productos queda fuera de ese marco. Muchos son alimentos valiosos dentro de una dieta variada, pero ninguno compensa por sí solo una alimentación desequilibrada, y algunos pueden interaccionar con medicamentos o no convenir a determinados pacientes.
La conferencia reivindicó el papel del farmacéutico como profesional sanitario de referencia en este terreno. Su formación en bromatología y nutrición, su cercanía a la población y su conocimiento de la medicación de cada paciente le permiten separar la evidencia del reclamo comercial y orientar decisiones que a menudo se toman guiadas por la moda. La profesora Torija, con una larga trayectoria en nutrición y bromatología, puso esa experiencia al servicio de una cuestión que llega cada día al mostrador de la farmacia.
Torija partió de la máxima atribuida a Hipócrates, «que tu alimento sea tu medicina y tu medicina tu alimento», para recordar que la bromatología forma parte de la educación del farmacéutico desde la antigua licenciatura. Hoy se estudia en los grados de Farmacia, Nutrición Humana y Dietética y Ciencia y Tecnología de los Alimentos. Esa preparación le permite conocer la composición de los alimentos, sus nutrientes y compuestos bioactivos, los cambios que sufren durante la producción y los tratamientos, su biodisponibilidad y sus interacciones. Repasó la presencia de la profesión en este campo, desde la elaboración del Código Alimentario Español y de las reglamentaciones técnico-sanitarias. También se enfocó en el análisis de alimentos en ayuntamientos y organismos oficiales, la farmacia militar, los farmacéuticos titulares y las vocalías de alimentación de los colegios y del Consejo General. Esa tradición de congresos empieza en La Coruña en 1986 y llega a la Jornada Nacional de Alimentación celebrada en Ourense el pasado mayo. Situó en la oficina de farmacia el lugar más propicio para hacer llegar ese conocimiento a pacientes y consumidores, una población vulnerable en la que destacó a los jóvenes.
El marco legal ocupó una parte central de la exposición. El Reglamento (CE) 1924/2006 regula las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables y el Reglamento (UE) 432/2012 fija la lista de las que están autorizadas. Los reglamentos 1169/2011 y 2015/2283 ordenan la información al consumidor y los nuevos alimentos, con la AESAN, que cumple este año su 25 aniversario, y la EFSA como organismos de referencia. Frente a ese marco, el término superalimento carece de definición científica y legal. La ponente localizó su primer uso en 1915, en el diario jamaicano The Daily Gleaner, y mostró cómo las publicaciones se multiplicaron a partir de 2010. El Diccionario de la Lengua Española lo ha recogido ya como calco del inglés superfood para designar un alimento «al que se le suponen» propiedades beneficiosas añadidas a su valor nutritivo.
Los ejemplos ilustraron el fenómeno: la col kale, anunciada con más calcio que la leche y más hierro que la carne; la hierba de trigo; muchos alimentos tradicionales rebautizados como superalimentos, o los titulares de prensa que en 2024 atribuían a la OMS una lista de siete superalimentos imprescindibles, entre ellos el pescado azul, el aceite de oliva, el tomate y el brócoli. La Academia Española de Nutrición y Dietética, el CSIC y diversos trabajos universitarios coinciden en que se trata de una estrategia de marketing, apoyada a menudo en verdades a medias. Torija se detuvo también en los insectos, que ya se presentan como el superalimento sostenible del siglo XXI. Citó los informes de la FAO y de la AESAN sobre su seguridad y las cuatro especies aprobadas en la Unión Europea. Dio además la medida económica del fenómeno con el mercado latinoamericano, que rondó los 11.756 millones de dólares en 2025 y podría duplicarse en 2035.
Como ejemplo de transmisión del conocimiento expuso el proyecto de aprendizaje-servicio «Desmontando bulos en alimentación», coordinado por la doctora M.ª C. Sánchez Mata en la Unidad Docente de Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense. En él, estudiantes de grado y de doctorado ejercieron de divulgadores ante la sociedad, con resultados medibles en la percepción del público. Concluyó que el farmacéutico puede actuar como educador en alimentación desde la oficina de farmacia, con asesoramiento directo, un lenguaje comprensible y materiales como folletos e infografías. La obligación de la profesión, dijo, es difundir de forma seria y contrastada, basada en la evidencia, las bondades de todo tipo de alimentos, para aclarar las dudas que generan las noticias que no se ajustan a la realidad.
