La Dra. María Vallet pronuncia el discurso en la Sesión de Clausura del curso académico de la RAING
viernes , 23 de octubre de 2026
María Vallet-Regí reclama “una ingeniería al servicio de la regeneración del cuerpo humano”
Madrid, 20 de octubre de 2026. La Excma. Sra. Dña. María Vallet-Regí, académica de la Real Academia Nacional de Farmacia (RANFE) y vicepresidenta de la Real Academia de Ingeniería (RAING), ha pronunciado el discurso de clausura del curso académico 2025-2026 de la RAING, titulado «Ingeniería para la regeneración de nuestro cuerpo». En él ha sostenido que la ingeniería de tejidos y la medicina regenerativa son hoy las vías más prometedoras para que el aumento de la esperanza de vida vaya acompañado de una vejez con salud y autonomía.
Vallet-Regí ha partido de una constatación: la longevidad creciente está transformando la sociedad y sus recursos, hasta el punto de que el final de la vida empieza a tratarse como un problema económico. Citando un estudio de su compañero académico Juan Zufiría, ha advertido de que, si la longevidad deja de tener el valor ilimitado que hoy se le concede, «la desigualdad puede destruir la sociedad». En España, la diferencia de esperanza de vida a los 65 años entre las personas con más y menos recursos ronda los dos años y medio, una distancia todavía contenida gracias al sistema de protección social. En Estados Unidos se acerca ya a los diez.
Hace un siglo, cuando la vida media apenas superaba los cincuenta años, la muerte llegaba casi sin discapacidad previa. Hoy, ha recordado la académica, pasamos entre un cuarto y un tercio de nuestra vida con dolencias asociadas a la edad, desde la presbicia y la sordera hasta los problemas óseos, articulares, neurológicos, cardíacos, renales o dentales. La medicina regenerativa aspira a llegar al final sin ellos: regenerar la médula, el nervio óptico o el auditivo permitiría revertir la parálisis, la ceguera o la pérdida de audición, del mismo modo que la regeneración cardíaca tras un infarto o la renal evitaría la diálisis. «El objetivo de la longevidad es vivir bien hasta el final de nuestros días. No alargarla, vivir bien mientras vivamos», ha afirmado.
La ingeniería de tejidos, ha explicado, combina células, andamios de biomateriales y señales bioactivas para reproducir la arquitectura y la función del tejido nativo y estimular la regeneración del propio organismo. Esos andamios tridimensionales no son soportes pasivos, sino que regulan la adhesión, la proliferación, la diferenciación y la organización de las células. En el caso del hueso, donde cada año se implantan en el mundo más de dos millones de injertos, los materiales deben ser biocompatibles, bioactivos, biodegradables y mecánicamente resistentes, y su porosidad resulta decisiva para el paso de nutrientes y oxígeno. El andamio ideal se degrada al mismo ritmo al que se forma el hueso nuevo, lo que evita una segunda cirugía. La escala también importa: las superficies nanoestructuradas mejoran la interacción con las células y permiten imitar mejor la compleja organización jerárquica del tejido óseo.
Una parte central del discurso se ha dedicado a la impresión 3D, nacida a finales de los años ochenta como técnica de prototipado rápido y convertida hoy en una plataforma para fabricar implantes, prótesis, sistemas de liberación de fármacos y andamios a la medida de cada paciente. «Mediante un TAC, un ordenador y una impresora 3D se diseña y realiza un andamio exacto al defecto del paciente», ha resumido. La bioimpresión 4D va un paso más allá, con estructuras capaces de cambiar de forma o de función en respuesta a estímulos, mientras que los andamios de nueva generación incorporan incluso herramientas de edición genética como CRISPR. La investigadora ha recordado asimismo el papel de las células madre pluripotentes inducidas, cuyo descubrimiento valió a Shinya Yamanaka el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2012 y abrió la puerta a terapias regenerativas personalizadas.
La inteligencia artificial, la imagen avanzada y los gemelos digitales acelerarán esa personalización, aunque Vallet-Regí ha insistido en que sus beneficios deben llegar a todos: «¿De qué sirve la medicina personalizada si solo está al alcance de unos pocos?». Tras casi ochenta años de desarrollo de los biomateriales, el reto inmediato es que la investigación llegue cuanto antes a la clínica. «El camino desde el laboratorio a la cama del enfermo es largo y tortuoso», ha reconocido, pero ese salto traslacional es imprescindible para que los avances mejoren la vida de los pacientes.
La académica ha cerrado con una reflexión sobre la educación. Los animales en libertad no han ganado esperanza de vida con el paso del tiempo, mientras que la del ser humano ha aumentado en más de veinte años desde mediados del siglo XX gracias a la higiene y a la medicina, de modo que el objetivo, ha bromeado, es «morir joven lo más tarde posible». Y en tiempos de inteligencia artificial ha dejado una consigna: «Enseñemos a las máquinas, pero no olvidemos educar a las personas».
Su última cifra ha servido para medir la urgencia del problema. Durante el tiempo que ha durado su intervención se habrán realizado en el mundo entre 16 y 20 trasplantes de órganos, frente a una demanda de unos 300, y cada 30 segundos muere una persona en lista de espera. Por eso, ha concluido, la fabricación de órganos artificiales mediante ingeniería de tejidos es «la principal esperanza».
